Él nos dijo que fuéramos a verla...
al entrar al lugar, nos percatamos de que los días no pasan en balde, para ella su misión en la vida había terminado y la vida se cobraba los años que tenía...estaba al fondo del cuarto, rodeada de cortinas y postrada en cama, envuelta entre sábanas blancas, recargada sobre su cuerpo derecho, mirando su débil y edematizada mano. Contemplaba nuestras caras con miedo. De un día a otro, se le agotaron todas las fuerzas a su desgastado y longilíneo cuerpo...intentaba quitarse todo medio que le permitiera mantener con vida...no emitía palabras, pareciera que le dolía hablar, sus labios deshidratados querían gritar, sin embargo su estado de ánimo no la dejaba...su mirada triste era su boca, pues nos daba las respuestas con sólo un movimiento de ojos...ella tenía fragilidad y su cuerpo ya no le respondía...necesitaba atención, necesitaba calor, necesitaba la compañía de quienes engendró...su cuerpo, el templo de su alma gritaba ¡necesito un poco de amor y quiero estar con ellos! ¿por qué me pagan así? ¿qué he hecho yo para merecer esto si les dí todo lo que tenía? Partí alma y cuerpo, día tras día, noche tras noche, y velé su
sueño, llore en silencio sus sufrimientos, luché contra sus miedos...los ví crecer poco a poco...y poco a poco se olvidaron de mí...contemplé desde lejos como se alejaban de mí, mientras ustedes vivían alegrías, amaban y construían sueños...desde entonces ni un instante se preocuparon por su madre...¿qué acaso ser viejo significa que mi alma ha envejecido también? mi templo se cae a pedazos, pero mi alma es joven aún, tiene vida, tiene fe, tiene deseos de sentir sus abrazos, sus besos...quiere reír, quiere gozar, tiene deseos de amar...pero si no los tengo, ¿para qué la quiero? ahora se apaga poco a poco...y véanme, cómo he terminado...aquí me tienen, sin deseos de existir, me cuesta mucho respirar, no tengo fuerzas para vivir...y veo el fin cerca...muy cerca...
al entrar al lugar, nos percatamos de que los días no pasan en balde, para ella su misión en la vida había terminado y la vida se cobraba los años que tenía...estaba al fondo del cuarto, rodeada de cortinas y postrada en cama, envuelta entre sábanas blancas, recargada sobre su cuerpo derecho, mirando su débil y edematizada mano. Contemplaba nuestras caras con miedo. De un día a otro, se le agotaron todas las fuerzas a su desgastado y longilíneo cuerpo...intentaba quitarse todo medio que le permitiera mantener con vida...no emitía palabras, pareciera que le dolía hablar, sus labios deshidratados querían gritar, sin embargo su estado de ánimo no la dejaba...su mirada triste era su boca, pues nos daba las respuestas con sólo un movimiento de ojos...ella tenía fragilidad y su cuerpo ya no le respondía...necesitaba atención, necesitaba calor, necesitaba la compañía de quienes engendró...su cuerpo, el templo de su alma gritaba ¡necesito un poco de amor y quiero estar con ellos! ¿por qué me pagan así? ¿qué he hecho yo para merecer esto si les dí todo lo que tenía? Partí alma y cuerpo, día tras día, noche tras noche, y velé su
sueño, llore en silencio sus sufrimientos, luché contra sus miedos...los ví crecer poco a poco...y poco a poco se olvidaron de mí...contemplé desde lejos como se alejaban de mí, mientras ustedes vivían alegrías, amaban y construían sueños...desde entonces ni un instante se preocuparon por su madre...¿qué acaso ser viejo significa que mi alma ha envejecido también? mi templo se cae a pedazos, pero mi alma es joven aún, tiene vida, tiene fe, tiene deseos de sentir sus abrazos, sus besos...quiere reír, quiere gozar, tiene deseos de amar...pero si no los tengo, ¿para qué la quiero? ahora se apaga poco a poco...y véanme, cómo he terminado...aquí me tienen, sin deseos de existir, me cuesta mucho respirar, no tengo fuerzas para vivir...y veo el fin cerca...muy cerca...
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